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Celebra el día de la madre

Celebra el día de la madre

Saludo de S.E. el Presidente de la República, Sebastián Piñera, en celebración de el Día de la Madre, en el palacio de La Moneda

Santiago, 12 de mayo de 2013

Muy buenos días:

Hoy es un día muy especial. Alguien dijo que como Dios no podía estar en todas partes, creó a las madres.

Porque hagámonos una pregunta, hombres y mujeres de nuestro país, ¿qué sería de nosotros sin nuestras madres?

Cuando uno hace recuerdos, lo primero que uno se acuerda, ¿quién fue la primera persona que lo acogió, lo abrazó, lo quiso? Nuestras madres. ¿La primera persona que nos alimentó, nos amamantó, nos cuidó? Nuestras madres. Cuando uno se recuerda ¿quién fue la primera persona que nos enseñó a transitar por esta vida, que nos enseñó valores, principios, que nos apoyó siempre, incondicionalmente, en todo momento, en todo tiempo y en todo lugar? Nuestras madres.

Por eso, una vez le escuché decir a Isabel Allende, nuestra gran escritora que “madre hay una sola, porque no podríamos soportar el dolor de perderla más de una vez”.

Pero hoy día, además de saludar a nuestras madres, reconocerles y agradecerles desde el fondo del corazón lo que significan para todos y cada uno de nosotros, ninguno de nosotros estaría aquí si no fuera por su madre. También, aunque algunos dicen que el aporte no es de la misma naturaleza, por su padre.

Pero quería hoy día, porque a las mujeres de Chile les han contado muchos cuentos y muchas historias, desde muy chiquititas, pero de vez en cuando hay que contarles la verdad.

Cuando nosotros llegamos al Gobierno hicimos un compromiso con las mujeres de Chile. Dijimos que queríamos una sociedad en que hombres y mujeres, siendo diferentes, y gracias a Dios, debíamos tener los mismos derechos y las mismas obligaciones. Porque eso es lo que es justo, lo que es bueno, lo que le hace bien a las mujeres, pero también lo que hace bien a los hombres. El mundo es mucho mejor, más creativo, más entretenido, si es que hombres y mujeres estamos hombro con hombro, con los mismos derechos, las mismas obligaciones, enfrentando la aventura de la vida.

Recuerdo bien que hicimos tres compromisos, o tres grandes categorías de compromisos.

Primero, dijimos que íbamos a abrir el mundo del trabajo para las mujeres. Cómo no estar contentos que de los más de 810 mil nuevos trabajos que hemos logrado crear durante estos tres años, más de la mitad han sido para nuestras mujeres. Eso es un gran logro.

Pero también sabíamos que no sólo de trabajo vive el hombre. Por eso queríamos facilitar que el mundo del trabajo y el mundo de la familia no fueran dos mundos que chocaban, y muchas veces ponían a las mujeres en una situación imposible, tironeadas por el mundo de la familia, tironeadas por el mundo del trabajo. Porque las mujeres trabajan dos veces: uno es el trabajo normal, y normalmente tienen que hacer otro trabajo adicional, en las familias, en los hogares.

Por eso nos propusimos que el mundo del trabajo y de la familia fueran dos mundos más amigables, que el hecho de ser madre no significara no poder ser trabajadora y que el hecho de ser trabajadora, no obstaculizara la posibilidad de ser madres.

Me acuerdo muy bien que muchos nos dijeron que era imposible extender el posnatal de 3 a 6 meses, y muchos nos dijeron que tampoco era posible que el posnatal, que entonces beneficiaba a una de cada 3 mujeres trabajadoras en nuestro país, se pudiera extender a todas las mujeres trabajadoras de nuestro país. Afortunadamente esas voces de pesimismo estaban equivocadas.

Cómo no estar contentos que hoy día nuestras madres pueden tener un posnatal de 6 meses y que todas las madres trabajadoras de Chile tengan ese beneficio.

Les quiero contar que es evidente que cuando un niño o una niñita tiene apenas 3 meses, para la madre es un verdadero desgarro tener que dejarlo para volver al trabajo. Todavía está demasiado pequeño, demasiado indefenso, demasiado dependiente de su madre.
Les quiero contar algo de mi vida familiar. Cuando discutíamos este tema, y algunos ministros decían que “sí”, otros decían que “no”, unos decían que “era posible”, otros decían que “era imposible”, mis dos hijas estaban embarazadas, y cuando las vi, a los tres meses, que tenían que volver a sus trabajos, me di cuenta que era absolutamente necesario, bueno, extender el posnatal de 3 a 6 meses y llevarlos a todas y cada una de las mujeres trabajadoras chilenas. Ese es un gran logro de las madres de nuestro país.

Pero además de eso, también nos comprometimos a hacer algo que era muy importante. Hay un dicho popular que señala “quién te quiere, te aporrea”. Ese dicho está tremendamente equivocado. Nosotros queremos cambiar esa cultura del “quién te quiere de aporrea”, por la cultura del “quién te quiere, te cuida y te respeta”.

Por eso declaramos la guerra total, tolerancia cero contra la violencia intrafamiliar, porque al fin y al cabo, la violencia intrafamiliar es violencia contra la mujer y también es violencia contra los niños.

Estamos muy contentos que hoy día, tres años después, el número de mujeres que pierden la vida porque aquella persona que las quiso o que les dijo que las quería, atenta contra su vida y atenta contra su integridad.

Hemos logrado reducir en más de un 33% las muertes de mujeres por femicidio. De hecho, tipificamos el delito de femicidio, porque es más grave cuando quien atenta contra nuestras madres o mujeres, es precisamente un ser que prometió quererlas y respetarlas.

Además de eso, hoy día tenemos una serie de otras medidas que apuntan a que los hombres y las mujeres tengamos los mismos derechos y los mismos beneficios.

Nos quedan todavía algunas cosas por hacer, y espero que nuestra diputada aquí presente, Karla Rubilar, nuestras alcaldesas, Vicky Barahona y Nora Cuevas, y nuestra flamante subsecretaria del Sernam, además de la Primera Dama, siempre nos recuerden, por ejemplo, todavía en Chile, en la sociedad conyugal, hombres y mujeres no tenemos los mismos derechos. Eso lo estamos cambiando, hay un proyecto de ley en el Congreso.

Todavía en Chile las salas cuna tienen que ser financiadas por los empleadores de las mujeres, afectando sus salarios y su capacidad de empleo. Eso también lo estamos cambiando.

Por eso les quiero decir un solo compromiso: espero que cuando termine este Gobierno, todas las discriminaciones legales que existen en contra de las mujeres, hayan desaparecido y sean parte de la historia.

Hemos recorrido un largo camino, corrigiendo muchas discriminaciones. Nos quedan esas dos, el que la sociedad conyugal sea administrada por hombres y mujeres en igualdad de condiciones, y el que el cuidado de los niños, es decir, quién financia las salas cuna, también sea compartido por hombres y mujeres.

Finalmente, quiero hacer un encargo a las madres, una petición: ustedes saben que el último Censo mostró que la tasa de natalidad en nuestro país había caído profundamente. De hecho, si no hacemos algo, en poco tiempo más la población de nuestro país va a empezar a disminuir, porque ha bajado mucho la natalidad y, además, ha aumentado mucho la expectativa de vida. Por tanto, tenemos un país cada día con menos niños y cada día con más adultos mayores.

Lo que queremos es cuidar y querer mejor a nuestros adultos mayores, pero también queremos ver a nuestros niños interrumpiendo al Presidente, como lo hacen con mucha gracia, jugando en nuestras calles, en nuestras plazas, en nuestros parques, alegrándonos la vida.

Fíjense ustedes que si la tasa de natalidad que teníamos en los años 90 se hubiese mantenido y no hubiera caído como cayó, hoy tendríamos 1 millón de niños adicionales a los que tenemos, jugando en las plazas, en los parques, alegrándonos la vida.

Porque nada, nada, nada alegra tanto la vida como la sonrisa de un hijo o la sonrisa de un nieto.

Y por eso quiero hacer un encargo a las madres, que no se jubilen, que sigan siendo madres, que sigan regalándole hijos a nuestro país, porque queremos un país que tenga más natalidad, que tenga más niños, que no sea costumbre envejecer, que sea capaz de rejuvenecer a través de nuestros niños.

Por último, junto con saludar, agradecer, reconocer, valorar, apreciar desde el fondo del corazón lo que significan las madres en nuestro país, porque siempre me pregunto ¿qué sería de un hogar chileno sin su madre?, que es como el pilar, es como la roca firme que es capaz de resistir todos los temporales, realmente sería impensable.

Por eso quiero recordar en forma muy especial a todas las madres de Chile, pero en lo personal, a cuatro de ellas: dos se llaman Cecilia y dos se llaman Magdalena. Quiero saludar a la madre de mis hijos, Cecilia, que está con nosotros; a mi propia madre, Magdalena, que está en el Cielo; y a la madre de los nietos, de mis nietos, que me han cambiado la vida, Magdalena y Cecilia. A través de estas cuatro madres, que son las que más conozco, decirle a todas las madres de Chile que no solamente hoy es el Día de la Madre, porque la verdad es que se merecen que todos los días del año sea el día en que los hombres, los hijos agradezcamos a nuestras madres.

Por último, una de las cosas que nos pasa mucho, que a veces no encontramos el tiempo para decirle a nuestras madres todo lo que las queremos, todo lo que les agradecemos, todo lo que le reconocemos.

Así que quiero pedirle a todos los hijos e hijas de Chile, que no dejen pasar la oportunidad, y que hoy día, aunque estén lejos, y si están cerca con mayor razón, llamen a sus madres, y si están cerca, denles un abrazo a sus madres y díganles lo mucho que las queremos, porque a veces, cuando podemos agradecerles no lo hacemos, y cuando queremos agradecerles, ya no podemos.

Por eso, gracias y vivan las madres de Chile