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Discurso del Presidente Sebastián Piñera a Harald Beyer en su despedida

Despedida Beyer

Palabras de S.E. el Presidente de la República, Sebastián Piñera, al despedir a ex ministro de Educación, Harald Beyer.

Santiago, 18 de abril de 2013

Señor Harald Beyer, amigas y amigos:

Es verdad. Ayer, una pequeña mayoría en el Senado cometió una inmensa injusticia.  Pequeña mayoría, no sólo porque fueron dos votos, o tal vez un voto, el que hizo la diferencia, sino que también porque los argumentos en que se basó esa acusación son injustos y están profundamente reñidos con lo que es la letra y el espíritu de nuestra Constitución, de nuestras leyes y de nuestro marco jurídico.

Y fue una tremenda injusticia porque se condenó a una persona que es inocente.  Yo sé que no es la primera ni va a ser la última vez que se condene a un inocente en nuestro país o en el mundo, pero no por eso deja de producir ese inmenso dolor, esa enorme frustración y también esa gran impotencia de ver que se condena a un inocente. Y especialmente cuando quienes lo condenaron estaban llamados a actuar en conciencia y respetando el marco de nuestro Estado de derecho.

Se condenó a un ministro que hizo más que ningún otro ministro, tal vez en muchas décadas, por hacer cumplir las leyes y por hacer que el Ministerio de Educación cumpliera con sus deberes.

Se condenó a un ministro que está liderando una gran reforma educacional, que nuestro país necesita con urgencia, y de la cual se había hablado tanto, pero lamentablemente se había hecho tan poco.

Se condenó a un ministro que no solamente está liderando una reforma, sino una reforma que ya está dando sus frutos, porque todos sabemos que después de casi dos décadas de estancamiento, por fin la calidad y la equidad de la educación en nuestro país están mejorando.

Se condenó a un ministro que era tal vez el menos político de los ministros, y tal vez el con mayor vocación de servicio público. No es casualidad que durante los cuatro gobiernos de la Concertación, cada vez que se requería el aporte generoso, inteligente, comprometido y desinteresado para hacer buenas políticas públicas en nuestro país, había un nombre que nunca faltaba y que siempre estaba disponible, y ese nombre era Harald Beyer.

Yo sé que algunos senadores acusadores no tuvieron una noche tranquila ayer.  Yo sé que probablemente, si hubieran podido actuar con verdadera libertad, habrían actuado distinto. Pero sé también que más allá de su dolor y de su comprensible frustración, el ex ministro Harald Beyer pudo dormir muy tranquilo. Y pudo dormir muy tranquilo y caminar con la frente en alto porque él sabe, y todos nosotros sabemos, que durante sus 15 meses como ministro de Educación actuó siempre en forma honesta, transparente, comprometida, dentro del marco de la ley y con un solo norte, una sola misión: mejorar la calidad y la equidad de la educación de todos y cada uno de nuestros niños y jóvenes.

Él mismo lo dijo anoche, esta acusación injusta va a pasar a la historia, pero la gran reforma educacional que estamos llevando adelante, va a quedar para siempre. Y tal vez ese es el mejor reconocimiento, y tal vez la mejor compensación que pueda tener el ex ministro Harald Beyer.

Algunos han dicho que después de lo que sucedió con Harald Beyer, va a ser más difícil atraer a buenos, honestos y comprometidos servidores públicos a que vengan a hacer servicio público. Yo pienso justo lo contrario, que el ejemplo, la trayectoria, el legado de Harald Beyer va a ser una gran fuente inspiradora para que más y mejores jóvenes talentosos, comprometidos y honestos quieran contribuir a una mejor calidad de vida y a un mejor país, desde el servicio público.

Harald, en la vida uno cosecha lo que siembra.  Yo sé que usted ha sembrado mucho, pero también sé que usted ha cosechado mucho. No es casualidad la reacción que ha tenido no solamente de los Premios Nóbeles, los Premios Nacionales, los intelectuales, la gente que conoce de educación, prácticamente todos los colegas que lo antecedieron como ministros de Educación, en valorar y apreciar su labor y en destacar la injusticia que cometió ayer el Senado.

Pero también le puedo decir a usted que ese cariño y ese reconocimiento no está solamente entre la gente erudita y la gente conocedora de los temas de educación. Yo sé que esto lo intuyen en la profundidad de su corazón todos y cada uno de los chilenos y chilenas de buena voluntad, que somos la inmensa mayoría de nuestro país.

Y por eso, en nombre de sus colegas ministros, en nombre del excelente y comprometido equipo que usted lideró en el Ministerio de Educación, en nombre de todos sus amigos y amigas, que somos muchos, y también en nombre de mi mujer y de este Presidente, quisiera decirle tres cosas:

Primero, que apreciamos y agradecemos en todo su valor el aporte que a lo largo de su vida, pero muy especialmente desde el Ministerio de Educación, usted ha hecho a mejorar la calidad y la equidad de la educación para nuestros niños y jóvenes.

Decirle también que como Presidente fue un verdadero honor y privilegio haber podido contar con usted en el gabinete. Porque personas como usted, prestigian y ennoblecen la política y el servicio público.

Y, finalmente, aunque no están aquí, porque a ellos también les dolió, y profundamente, la injusticia que se cometió anoche, un mensaje a su mujer, Silvia, y a sus hijos Dominique, Martín y Stephanie: pueden sentirse profundamente orgullosos, del marido y gran padre que tienen. Orgullosos del gran hombre y el gran servidor público que es y va a seguir siendo Harald Beyer.

Muchas gracias.