¿Por qué Chile crece tanto?
El éxito en materia económica del gobierno de Sebastián Piñera es innegable. Muchos chilenos se preguntan hoy por qué crecemos tanto. Nuestra economía pasó de crecer un 3,3% promedio anual durante el gobierno de Bachelet a un 5,9% durante los tres primeros años de la actual administración. Estos logros no son fruto de la casualidad, sino consecuencias de políticas que mejoran la eficiencia de la economía que, a su vez, han beneficiado a los grupos más vulnerables y de clase media. Veamos por qué.
Algunos argumentan que el fuerte crecimiento de nuestra economía durante los últimos tres años se debe simplemente a la “buena suerte de haber tenido un alto precio del cobre.” Sin embargo, esta visión es incompleta. El problema con el mercado del cobre es que los costos de producción han aumentado mucho, lo que nos deja menos ganancias por este mineral.
Para muestra un botón: los aportes netos del cobre al Estado han caído desde 8,4% del PIB en 2006 a sólo 3,4% del PIB en 2012. Este menor aporte del cobre a las finanzas públicas tiene su origen principal en los aumentos del costo de producción de cobre (sueldos, energía, etc.).
Otros argumentan que durante el actual gobierno se ha crecido a tasas altas porque “venimos saliendo con mucha fuerza de una recesión”. Detrás de este argumento se quiere insinuar que cualquier gobierno habría crecido a altas tasas en este período. A nosotros nos parece que es difícil sostener que después de 36 meses del fin del gobierno de Bachelet, el crecimiento sea sólo la recuperación de una crisis. Es demasiado tiempo. Obviamente, puede quedar algún pequeño efecto de inercia, pero debería ser bastante menor como para explicar el alto crecimiento de los últimos años.
De hecho, contrariamente a la buena suerte que argumentan los que hablan del precio del cobre y de la salida de la recesión internacional, como gobierno hemos debido enfrentar un escenario internacional particularmente turbulento desde el 2010, lo que es perjudicial para el crecimiento. China ha experimentado una desaceleración de su crecimiento durante los últimos años, Estados Unidos está bien estancado y Europa está derechamente en una recesión generalizada. Esto ha afectado a nuestras exportaciones, particularmente en el segundo semestre del año pasado. En ese escenario, haber crecido como lo hemos hecho es mucho más meritorio.
Pero más allá de todo esto hay sólidos fundamentos en nuestro crecimiento. Por ejemplo, el dinamismo de la inversión. Esta última, a su vez, se ha visto favorecida por un escenario de bajas tasas de interés, tanto internacionales como locales, en menor medida. Además, las buenas políticas económicas internas han disminuido el riesgo país, lo que estimula la inversión. Una demostración de esto son los ingresos de capitales a través del DL 600 (inversión extranjera), que están a niveles récord. También la rebaja al impuesto de “timbres y estampillas” o impuesto al crédito ha contribuido a aumentar la inversión. Sin alta inversión no hay alto crecimiento económico sostenido.
Los fuertes aumentos del consumo privado también ayudan a explicar el crecimiento de los últimos años y éste, a su vez, se explica por el bajo desempleo, los fuertes aumentos en las remuneraciones y las buenas expectativas futuras que tienen los consumidores sobre el futuro económico del país. La gente gasta más cuando está optimista del futuro y ese es el caso en la actualidad; otro mérito de nuestro gobierno que está en juego en las próximas elecciones.
También hemos tenido aumentos importantes en la Productividad Total de Factores (medida a la Solow), la que pasó de ser -0,4% durante la administración de Bachelet a un +0,6% durante el gobierno de Sebastián Piñera. De hecho, la productividad laboral ha resurgido. Esto no es menor, pues tuvimos muchos años con productividad laboral a lo menos estancada. Los aumentos en la productividad laboral son importantes para que el aumento de los salarios no sea transitorio, sino que fundado en ganancias de productividad y, por lo tanto, pueden durar décadas si se mantienen las políticas públicas que impulsan la productividad de los trabajadores.
Por otra parte, un gasto fiscal que crece moderadamente durante los primeros tres años de este gobierno contribuye a hacerle un espacio al crecimiento del sector privado, al quitarle presión al alza en las tasas de interés. ¿Si el gasto público hubiera crecido en estos tres años al mismo ritmo que creció durante Bachelet, podría haberse desarrollado el sector privado como lo hizo? ¿Se habrían mantenido las tasas de interés tan bajas para permitir ese desarrollo privado? Yo creo que no.
¿Será sostenible en el tiempo este crecimiento económico que ha traído la baja en el desempleo y el aumento en los sueldos? Y la respuesta es que depende. ¿Depende de qué? De dos cosas: por una parte, de si en el futuro el ciclo económico internacional nos empuja a mayores tasas de crecimiento (esto no depende de nosotros y durante el gobierno de Piñera este factor nos ha perjudicado, porque el mundo ha crecido menos que Chile) y, por otra parte, depende de si internamente somos capaces de continuar con las reformas estructurales que nos lleven a aumentar nuestro crecimiento de largo plazo. Para ello necesitamos continuar con las reformas que nos permitan aumentar la productividad, la inversión, el empleo y a tener un Estado más eficiente.
Todo lo anterior ayuda a comprender por qué un país que antes crecía en forma mediocre, hoy lo hace con dinamismo. Es un orgullo pensar que eso fue lo que prometimos en nuestra campaña presidencial pasada y lo que hoy cumplimos. Qué duda cabe: ¡No da lo mismo quien gobierne! Tenemos la posibilidad de lograr mayor bienestar para todos los chilenos si seguimos por la senda de los últimos años.
Columna publicada en La Tercera





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